martes, 6 de enero de 2015

El corazón tiene razones que la propia razón nunca entenderá


Había una vez un paisaje gris, que había sido consecuencia de muchos años de descuido y un temporal constante. Las palabras que formaban los caminos eran “nunca mas”, “no se puede”, “no vale la pena”, “no lo merecés”. El paisaje se había acostumbrado a ellas, y por momentos cuando algunos rayitos de sol asomaban entre las copas de los árboles grises, se permitía reir.

Te conté el secreto de cuando salió el sol, y sonreiste. Qué bien se sintió eso.

Resulta ser que una tarde en medio de esa vida aburrida y rutinaria que el paisaje vivía, una luz ocupó por completo el universo. Brillaba como si fuera oro, era casi enceguecedora. Entre medio de tanta curiosidad, el paisaje se acercó a esa luz y le preguntó: –Y vos quién sos?, a lo que la luz respondió –Soy quien te va a hacer feliz.

Se imaginarán queridos lectores, que el paisaje echó a reir y repitió: “nunca más”, “no se puede”, “no vale la pena”, “no lo merecés”. Y al momento que levantó la vista esperando que la luz se haya ido, ella seguía ahí, intacta y sonriente.

Pasaron los días y la neblina que bañaba los caminos, sin razón aparente, se disipó. Y no le cuenten a nadie, pero una margarita se asomó entre unas piedras que estaban por ahí.
El paisaje sospechaba que algo estaba pasando, pero no creía que eso fuese verdad. Ya anticipando cómo iba a terminar su frustrada historia, se dejó llevar y se permitió disfrutar la situación, total “no se puede” ni “lo merecía”.

Pero una cosa llevó a la otra, y sin querer las margaritas ya estaban copando el paisaje. Hey!! Qué estaba pasando? “Nada que te haga daño, solo hay que dejar que todo fluya”. El paisaje se pensó que sus caminos se llenarían de hippies, y eso le causó gracia.

Pasó y pasó el tiempo, fueron casi como 5 años, pero resumidos en algunas horas. Vieron que cuando uno la pasa realmente bien el tiempo corre deprisa?. Tengo mis serias sospechas que lo hace apropósito para darte la posibilidad de convivir con ese sentimiento raro que la gente lo suele llamar “extrañar”. El paisaje casi ni se acordaba qué significaba eso.

Una vez, un pajarito le dijo al paisaje: “Si vas a inventar algo, que sea un final feliz”, y desde ese momento las cosas cambiaron. Miró a su alrededor y vió flores de todos los colores, perritos y gatitos que bailaban por ahí, vacas con peinados raros pero graciosos y gallinas con sus pollitos que movían la cola sin parar. Todo había cambiado, ya el gris había quedado en el olvido.

Y claro!! En ese momento el paisaje se dio cuenta que para ser feliz y para que su naturaleza crezca se necesita luz. Pero luz natural, no esas mentirosas que te venden en cualquier esquina. Y cuando la perspectiva es luminosa, los finales son felices.

Fin.

1 comentario:

  1. MAgnificO como siempre!! pase a ver si habia actividad y aunque paso mucho tiempo parece que el "el paisaje se permitio volver a reir" ...
    te felicito Anto!!!!! no me olvido... aun debo una melodia!

    Gabs
    (cba)

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