Llegó la hora de partir. Hora inesperada, situación sorpresiva.
Prometiste no llorar, yo creo que así no fue. Desplegaste tus alas y levantaste vuelo.
Y aquí me quedé yo, con un puñado de arena escurriéndose entre mis dedos.
Aquí quedé yo con una bolsa llena de sueños sin cumplir.
Ilusionada te busqué, te llamé, te pensé. Pero nadie respondió.
¿Y es que se habrá ya olvidado de mí? ¿Y es que su sonrisa no era verdadera cuando me miraba a los ojos?
Partiste, con tu mirada sincera y tus maduras palabras. Te fuiste con tus pensamientos, sueños y experiencias.
Y yo me he quedado aquí, una vez más, sola.
Presa de una ilusión que muchas noches soñé que se cumpliría.
Y me quedé aquí, sentada, boquiabierta al recibir la noticia de que ya no volverías.
Mejor evitemos las despedidas y malos momentos, dijiste. Yo hubiese preferido mirarte una vez más.
Compartir un último café, unas últimas risas, una caminata bajo el frío.
Charlar de cosas no interesantes, compartir experiencias de vida.
Y es que allí tendrás la vida que siempre quisiste
Y es que aquí me quedo a la espera de tu regreso, ilusionada, quizás, que en algún momento decidas volver.

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